“Chirete” Herrera e hijo, la repetición de la historia según la psicología

Su mamá fue asesinada por su papá durante una visita en la cárcel. Gabriel Herrera tenía 10 años cuando esto ocurrió. Una década después su padre vuelve a matar, esta vez a una nueva pareja en iguales circunstancias: en una visita íntima en la unidad penitenciaria.

Él es hijo del doble femicida “Chirete” Herrera. Es el joven de 20 años que vio morir a su madre por violencia de género y ahora reproduce la historia. Intentó matar a su ex pareja y luego de estar un día prófugo, fue arrestado.

La violencia atravesó la familia y la repetición de la historia se produce en muy pocos días de distancia entre un caso y el otro. ¿Qué ocurre aquí según la psicología? ¿Por qué una joven se enamora de un femicida en la cárcel? ¿Qué pasará luego con el bebé que perdió a su mamá en manos de su padre?

“Estamos hablando de un caso de una idiosincrasia específica, de una fuerte impronta patriarcal en una sociedad como es la salteña, que es una de las primeras con los indicadores de mayor violencia de género a pesar de que tenemos ley de emergencia social”, contextualiza la licenciada en psicología Andrea Heredia.

En este contexto, dice, cabe preguntar qué conceptos de amor y de pareja se ponen en juego. “La mujer se considera la salvadora, la que se sacrifica, ejerce la maternidad y la que va ser especial para aquel hombre, la princesa que va a cambiar la historia. Y los antecedente de violencia son desoídos”, explica.

Mientras que, dentro del patriarcado, la imagen del hombre “es superior y dueño de la relación de pareja, que objetiviza la mujer y le priva sus derechos”.
En cuanto a Andrea Neri, la última víctima de Chirete Herrera, la psicóloga explicó que “estaba en situación de vulnerabilidad psicológica”, por lo que no podía ser plenamente responsable de su integridad física en las visitas íntimas, en referencia al documento que le habrían hecho firmar en el penal de Villa Las Rosas y en el estado de desprotección que estuvo en la cárcel.

Según sus estudios y experiencia, Heredia comenta que “dentro de la unidad carcelaria todos los dispositivos punitivos carcelarios recurren a una ideología particular, manejan códigos que a veces uno admira, donde hay otros valores; por ejemplo el que mata a la mujer que lo ha engañado entra en una jerarquización, hay una valorización de ese hombre dentro de ese ámbito”.

De esos códigos e ideología no están ajenos los trabajadores del penal.

Por esto considera necesaria la prevención y el trabajo sobre la salud mental del personal de estas instituciones, “porque para ellos esto es su mundo”.
Ahora, “llama mucho la atención la repetición de la historia, es decir seguimos hablando del imaginario de una sociedad como la salteña, donde el patriarcado es marcado y se desoyen todos los antecedentes de maltrato de género, en el que el femicidio es el último eslabón, y muchas veces son legitimados por la misma sociedad”, continua su análisis la profesional, quien aclara que aún la violencia sigue entendiéndosela como un golpe, “y muchas otras agresiones son invisibilizadas y naturalizadas”.

En la repetición de la historia de los padres, explica, la propuesta del psicoanálisis es reflexionar y analizar para no repetir, “tomar conciencia de esa historia que da reflejos”.

“Pero naturalmente uno no se pone a pensar lo que ha vivido, no tiene un dispositivo instalado para el análisis, para que pueda reflexionar reelaborando una historia”, agrega.

Por esto, la profesional adhiere a la necesidad de las terapias alternativas, holísticas y con psicólogo para aquellos niños, hijos de una familia atravesada por la violencia, para que la historia no se repita. Así entiende que será el caso del hijo de Neri. Según explicó, el Estado tendría que autorizar desde el Ministerio de Justica, primero, y luego desde el de Primera Infancia, para que a partir de los cinco años el niño recibiera la terapia psicología necesaria y garantice los derechos que le fueron vulnerados.

Finalmente, Heredia considera que la propuesta más importante para erradicar la violencia de género es la prevención. “Y descentralización de los dispositivos de prevención, porque hoy la problemática está focalizada en el Poder judicial y el Observatorio de Violencia contra la Mujer, donde los casos llegan ya en un grado grave”, detalla.

Entiende que la prevención debe darse a nivel comunitario, desde el nivel primario. “Todo lo que es prevención se está dejando de lado en políticas públicas, se va a urgencia y a la asistencia y no tanto a la prevención”, concluye la psicóloga, perteneciente al Programa de Fortalecimiento Familiar y Comunitaria, de la Secretaria de Niñez y Familia del Ministerio de Primera Infancia.
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