Alertan por el crecimiento de los comedores barriales en Salta y la falta de insumos

Cada vez son más los niños que todos los días asisten a merenderos y comedores barriales de la ciudad a alimentarse. Algunos van solos, otros acompañados de sus mamás. A ellas también les dan el almuerzo o la merienda por lo que a los encargados de estos lugares se les dificulta cada vez más conseguir insumos para cocinar. No tienen ayuda del Estado y se mantienen gracias a donaciones.
En un relevamiento realizado el año pasado en 73 centros comunitarios de la ciudad, el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana –ICEPC- estableció que desde diciembre de 2015 a mayo de 2016 incrementó un 41.18% las personas que a diario buscan alimentarse en un comedor o un merendero.
Este año, aunque las próximas estadísticas se conocerán en un par de semanas, las personas que trabajan en estos espacios comunitarios cuentan que la cantidad de niños y mamás sigue aumentando. Ante esta situación, algunos se dan vuelta para que la comida alcance todos los días, a otros no les quedó otra alternativa que atender menos cantidad de días y a una cifra fija de comensales.
“Nosotros cocinamos tres veces por semana para 60 niños. Tuvimos que poner un límite de gente porque no damos abasto con la comida”, le contó Norma Serrudo del merendero “El buen samaritano”, de Floresta, a LA GACETA.
En este espacio, que funciona hace cinco años con la ayuda de Barrios de Pie, Norma le prepara la cena a 60 niños. “Desde hace un tiempo, los chicos vienen a buscar su comida porque aquí no tengo lugar ni tampoco infraestructura”, explicó.
Por su parte, el comedor “Jesús te ama” de Atocha III se sostiene gracias a donaciones del municipio, empresas privadas y organizaciones civiles. Su encargada, Queca, le explicó a LA GACETA que allí se alimentan alrededor de 300 niños y destacó que el año pasado recibían a 83 familias. “El 25 de abril vamos a hacer un relevamiento pero estimo que este año se sumaron entre 20 y 25 familias. Hacemos lo que podemos porque no podemos negarle un plato de comida a nadie. La realidad es que muchas veces no nos alcanza”, remarcó.
Queca también remarcó que por día se necesitan 30 kilos de arroz y 25 kilos de carne molida para alimentar a todos. “Dos veces por semana nos regalan carne, los miércoles nos entregan hígado y los jueves puchero de pollo. Antes 25 kilos de carne molida era suficiente pero últimamente hay gente que se va sin comer”, dijo.
Hace ocho años, Claudia Fuenzalida convirtió su casa ubicada en Zuviría al 1800 en el merendero “Virgen de Urkupiña”. Allí, de lunes a viernes, les sirve el té a 125 niños y 36 mamás. “Las mamás son las que más que vienen”, remarcó la mujer. “Nosotros nos damos vuelta con la colaboración de la gente. Lo que más necesitamos es leche, té, también arroz. No tenemos subsidio y es un trabajo de corazón”, manifestó Claudia.
“Atendemos a entre 80 y 100 chicos por día pero este último año aumentó la cantidad. Además vienen familias de otros barrios”, contó Analía López del merendero “Sonrisas del futuro” de barrio El Cambio. “Nosotros nos manejamos con donantes particulares y el pan de la Panadería Social. Hay días que el pan no nos alcanza y lo administramos alternando con otras comidas como arroz con leche y anchi. Muchas veces nos falta comida”, enfatizó.